| Por: Francisco
Cáceres Senn |
"Un
hombre caminaba por el campo y encontró una piedra en el camino que
le llamó la atención. Sus colores eran demasiado brillantes como
para ser reales. "Ha de ser falsa", pensó. "Demasiado bella para ser
verdad". Y continuó su camino, pero nunca olvidó la piedra ni los
colores de esa piedra falsa.
Años después,
ese hombre fue a visitar a un amigo cercano a quien la fortuna había
sonreído abundantemente. El amigo, sin embargo, se acercaba ya a sus
últimos días de vida. Postrado en la cama, el amigo recibió a este
hombre quien sin poder aguantarse le preguntó: "amigo, estás a punto
de morir y desearía que no te fueras a la muerte sin decirme algo
que me tiene sorprendido y curioso desde hace años. Dime, ¿cómo es
que hiciste tu fortuna?"
El amigo
moribundo le contestó: "Ciertamente me queda poco tiempo de vida,
así que también creo que eres la mejor persona a quién se lo puedo
contar. En cierta ocasión, caminando por el campo, encontré un
hermosa piedra de colores tan extraordinarios que parecía falsa.
Resultó que esa piedra era una rara especie de diamante valorado en
varios millones de dólares".
El amigo que
estaba escuchando sintió de repente una sensación de molestia y
enojo consigo mismo porque en ese instante supo que esa era la
hermosa piedra que él había declarado como falsa y que, por su prisa
e insensatez, había dejado abandonada. Disgustado de manera
evidente, le dijo a su amigo: "Tú tomaste la piedra, y esa piedra te
dio toda tu fortuna. Dios mío, no lo puedo creer. Yo la vi primero y
la dejé pasar porque creí que era falsa. Qué estúpido de mí. Viviré
angustiado y en remordimiento el resto de mi vida".
Sorprendido,
el moribundo le contestó: "Pues vivirás así porque quieres- le dijo.
Yo también creí que era falsa y la dejé en donde estaba, pero supe
de alguien que la encontró y que se hizo rico y desde entonces supe
y, ahora se con más convicción que nunca, que las oportunidades
están debajo de nuestras narices, en cualquier lugar y en cualquier
momento. Aprendí la lección y aproveché al máximo todas las
oportunidades que la vida me dio".
"Yo, como tú
-continuó- quería fortuna y riquezas y se las pedía a Dios
continuamente. Esa piedra me enseñó a entender el lenguaje del
Universo y a confiar en que siempre contesta nuestras plegarias y a
partir de entonces, acepté todas las oportunidades que Dios me
envió. Y a ti amigo, te recomiendo que esa piedra te enseñe la misma
lección que a mí me enseñó". Y al decir esto, cerró los ojos y murió
tranquilamente, tal vez sabiendo que había plantado una hermosa y
rara flor en el corazón de otro hombre, la flor de la esperanza".
Piense en
ello.
Francisco Cáceres Senn
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