Son
las 12:50 PM. Ya van varias horas de seminario y es entonces cuando lanzo
la solicitud disfrazada de sugerencia, pero un poco más cercana a una
orden directa: "Para efectos del ejercicio, es preciso que en este momento
escriban un objetivo personal extremadamente valioso".
No se exactamente cuantas veces en mi
vida he solicitado esta instrucción en los participantes a mis seminarios.
Debo haberlo hecho unas cinco mil veces, sin exagerar. Y con frecuencia
ocurre algo interesante y revelador.
Uno de los participantes menciona: "Yo
ya tengo todo lo que deseo, así que no puedo escribir ningún objetivo".
Quiero decirle que se trata de una persona de 65 años, más o menos, aunque
este dato es puramente anecdótico pues no representa ninguna diferencia.
Lo mismo he escuchado de personas de 30 años.
Yo, pacientemente, le explico que que
no se trata sólo de tener, sino que también puede considerar entre los
objetivos, el ser y el hacer.
Y él, pacientemente, me responde que ni
con esas consideraciones puede escribir algo. Me comenta que tiene la
esposa que el desea, el dinero que necesita, los viajes que ha querido y
la casa de sus sueños. "En todo caso, lo más que puedo desear es que mis
hijos tengan una vida exitosa".
"Un momento", aclaro yo, "que tus hijos
tengan una vida exitosa no cuenta como objetivo, porque ese no es tu
objetivo, sino el de ellos".
"¿Cómo que no? Ese es mi objetivo, lo
que yo deseo", me respondió sin inmutarse.
"Sí es lo que deseas, sin duda. A lo
que me refiero es a que no es algo que tú puedas lograr, sino que lo
tienen que lograr ellos. Y por lo tanto, eso no lo hace tu objetivo, sino
el suyo. Para este ejercicio necesito un objetivo personal, no prestado".
Dije yo.
Se oyeron algunas respetuosas risas. Mi
amigo continuó diciendo: "De todas formas no tengo nada que escribir, lo
siento".
"No importa, te comprendo muy bien.
Vamos a hacer algo diferente. Te propongo que escribas un objetivo como si
sí lo tuvieras. Todos sabemos que no es verdadero pero sólo escríbelo para
efectos del ejercicio", le solicité, para ya dar por terminada la
discusión. Por si no me he explicado claramente, no es mi misión en esta
vida que los que no quieren tengan objetivos.
Lo sorprendente ocurrió a continuación.
Este amigo comentó: "¿Quieres que escriba algo que no es cierto?". "Así
es", le contesté. "Pero eso sería como hacerme idiota", respondió.
"Bueno... sí, pero no importa. Es sólo para efectos del ejercicio.
(Sonrisas), Ja, ja... es una broma. No, no es eso, es solamente escribir
intelectualmente algo que ya se que no sientes, y es solo para mostrarte
cómo se afecta la percepción en función de los objetivos"
Finalmente, no conseguí
que escribiera nada. Nada de nada. A pesar de que entendió que se trataba
sólo de un ejercicio intelectual, no escribió nada.
Rien de rien. Nothing. Non niente. Até. Nité.
El punto es preguntarse, ¿qué hace tan difícil para algunas personas el
escribir los objetivos? Bajo mi punto de vista, existen 3.5 razones por
las que algunas personas tienen tanta resistencia a escribir objetivos:
Razón 1: Miedo al fracaso. Obvio, si no
lo escribí, nadie me puede confrontar, ni siquiera yo mismo.
Razón 2: Miedo al éxito. ¿Qué va a
pasar conmigo y mis relaciones si tengo éxito y ellos no? Tener éxito, ¿me
va a hacer alguien no querido o aceptado?
Razón 3: Ignorancia o escepticismo. No
creo ni en la luz electrica ni en los ovnis ni en el mosntruo del lago
Ness. No creo en nada.
Razón 3.5: ¿Se sabe el cuento del
español que está agonizando y le dice a su hija dónde desea ser enterrado?
Le dice "Hija, si me muero en Méxsico, quiero que me entierren en España.
Y si me muero en España, quiero que me entierren en México". Y la hija le
pregunta "Y, ¿por qué, Padre, por qué?" Y ya sabe usted lo que sigue...
Pero cualquiera que sea su razón para
no escribir sus objetivos, decir que no tiene objetivos es tan engañarse a
uno mismo como escribir cualquier cosa que no sea verdad, porque (y esta
es la profunda verdad) TODO EL MUNDO TIENE OBJETIVOS, YA SEA
CONSCIENTES O INCONSCIENTES. Así que escríbalos para que se
hagan realidad algún día.
Piense en ello.

Francisco Cáceres Senn
Más artículos de Francisco
Cáceres Senn